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- Un grupo único en Harrogate encuentra su pista
- Del diagnóstico al primer remate: el papel del pádel
- Beneficios físicos que se notan en cada paso
- La mente también juega: concentración, confianza y respiro
- Un equipo detrás: club, entrenadores y Parkinson’s UK
- Testimonios que explican por qué merece la pena
- Más que deporte: comunidad, rutina y futuro
Vivir con párkinson en Harrogate se ha vuelto un poco menos cuesta arriba para un grupo muy especial de jugadores. La razón no está en una pastilla nueva ni en una terapia experimental, sino en algo cercano y tangible: una pista de pádel donde el cuerpo vuelve a sentirse capaz.
En el Harrogate Spa Tennis Club, un club con larga tradición en deportes de raqueta y que hoy también presume de pistas de cristal, ha nacido una iniciativa que une deporte, rehabilitación y comunidad. El resultado, según relatan quienes participan, se mide en estabilidad, ánimo y rutina, mucho más que en el marcador.
Mientras las bolas amarillas botan sobre la moqueta azul y chocan contra el cristal, varios jugadores con enfermedad de Parkinson encuentran un respiro. En ese rectángulo de juego, el temblor, la rigidez y el miedo a caerse dejan de ocuparlo todo. Durante un peloteo, la atención se centra en la bola, en el rebote y en la decisión correcta.
El proyecto toma forma gracias a la colaboración entre Parkinson’s UK y el propio club de Harrogate. Con sesiones regulares, entrenadores formados y un ambiente muy cuidado, el pádel se convierte en una herramienta inesperada para ganar calidad de vida. Además, aporta algo igual de importante: volver a sentirse deportistas, con objetivos simples y compartidos.
Un grupo único en Harrogate encuentra su pista
La idea nació de una pregunta directa: ¿por qué no usar un deporte accesible como el pádel para quienes tienen párkinson? Harrogate Spa, con pistas indoor protegidas del viento y la lluvia del norte de Inglaterra, ofrecía el escenario ideal. La pista cubierta reduce imprevistos y permite trabajar con mayor seguridad y continuidad.
Por eso, las sesiones se organizan en grupos reducidos. La mayoría de participantes supera los 60 años; algunos conviven con un diagnóstico reciente y otros llevan años adaptándose a la enfermedad. Llegan con palas en forma de lágrima, ligeras y manejables, buscando control por encima de potencia para ajustar mejor cada impacto y reducir la fatiga en el brazo.
El club adapta horarios y ritmos con flexibilidad. Los entrenamientos se programan a media mañana, cuando la medicación suele ofrecer su mejor efecto y el cuerpo responde con más fluidez. El objetivo no es ganar un torneo, sino moverse, coordinar, reír y sentirse acompañados, sin presión y con pausas cuando hace falta.
Desde el primer día, la pista se transforma en un punto de encuentro. Allí se comentan efectos secundarios, se comparten trucos para dormir mejor y se celebran pequeños avances, como llegar a una bola complicada, sostener un peloteo largo desde el fondo o dar dos pasos firmes hacia la red sin dudar.
Del diagnóstico al primer remate: el papel del pádel
Recibir un diagnóstico de párkinson suele venir acompañado de miedo, dudas y una palabra que pesa: limitación. En ese contexto, el pádel aparece como una actividad que rompe la inercia. No exige una condición física perfecta, pero sí invita a moverse de forma constante, con objetivos claros y estímulos continuos.
La pista cerrada aporta una seguridad extra. El cristal actúa como barrera y también como referencia visual, algo clave para quienes temen perder el equilibrio o desorientarse. Además, el suelo sintético, con buen agarre incluso en días húmedos, reduce el riesgo de resbalones y anima a dar un paso más hacia la red con apoyos cortos y controlados.
El pádel permite ajustar el esfuerzo con precisión. Hay puntos que se juegan a ritmo suave, con globos altos y bandejas controladas, y otros más intensos cuando alguien se anima con un remate o una volea profunda. Cada jugador marca su límite, mientras el entrenador regula tiempos, propone tareas simples y vigila la fatiga para que nadie se quede atrás.
Muchos valoran especialmente poder golpear con tiempo. El rebote en la pared ofrece una segunda oportunidad y cambia la percepción del juego: si una bola pasa, todavía hay opción. Para quienes sienten que el cuerpo ya no responde igual, esa segunda lectura del punto tiene un valor simbólico y práctico.
Beneficios físicos que se notan en cada paso
Los efectos físicos aparecen pronto. La enfermedad suele traer rigidez, lentitud y pérdida de equilibrio; sin embargo, el pádel trabaja precisamente esos puntos mediante movimientos naturales, sin la sensación de estar en una “terapia” clásica. La moqueta obliga a ajustar apoyos, y el juego repite patrones útiles para la vida diaria.
En cada sesión se entrena, casi sin darse cuenta:
- La coordinación mano-ojo, al seguir la trayectoria de la bola y ajustar el golpe con la pala.
- El equilibrio, gracias a pasos cortos, cambios de dirección y apoyos laterales constantes.
- La amplitud de movimiento, al estirar el brazo para una volea o agacharse por una bola baja.
- La fuerza en piernas y tronco, clave para frenar y arrancar sobre la moqueta.
- La resistencia, con peloteos que se alargan más de lo que muchos imaginaban al principio.
Algunos participantes llegan con molestias de espalda o con miedo a sobrecargarse. Por eso se ajusta el trabajo: palas aún más ligeras, empuñaduras acolchadas para un agarre cómodo y descansos frecuentes en el banco lateral. La idea es salir cansados, sí, pero con la sensación de haber ganado movilidad y control.
En días fríos, la temperatura indoor ayuda a que los músculos entren en calor rápido. El cuerpo responde mejor, los gestos se vuelven más fluidos y la rigidez típica del párkinson se combate con desplazamientos cortos y supervisados. Incluso el bote vivo de las bolas, renovadas con frecuencia, facilita el golpeo y reduce el esfuerzo al armar el swing.

La mente también juega: concentración, confianza y respiro
Más allá de lo físico, el impacto mental es enorme. Durante una hora, la mente se centra en colocar la pala, elegir entre cruzado o paralelo y anticipar el rebote en el cristal. Esa concentración desplaza la preocupación constante por la enfermedad y convierte la sesión en un foco de atención positivo.
Muchos describen la pista como un “paréntesis”. Allí no mandan las citas médicas, sino los globos que se quedan cortos, las salidas de pared ajustadas y las voleas ganadoras. Esa desconexión reduce el estrés y mejora el estado de ánimo. En un deporte de decisiones rápidas, el pensamiento se ordena alrededor del punto.
La dinámica del juego obliga a leer la bola, anticipar y decidir si se sube a la red o se sostiene desde el fondo. Esta toma de decisiones constante estimula la agilidad mental, algo que neurólogos y fisioterapeutas valoran cuando se trata de mantener actividad y atención de forma regular.
La confianza también crece. Cada punto bien jugado, cada bola recuperada desde la pared lateral, alimenta la autoestima. Poco a poco, muchos se atreven a moverse más, a pedir la bola en el centro con voz firme y a asumir roles en pareja, como cubrir la reja o cerrar la red en el momento justo.
Un equipo detrás: club, entrenadores y Parkinson’s UK
Este proyecto no nace de la improvisación. Detrás hay trabajo coordinado entre Harrogate Spa Tennis Club y Parkinson’s UK, organización de referencia en el país para quienes conviven con la enfermedad. Juntos diseñaron un formato específico, lejos de una clase grupal estándar, con objetivos realistas y una progresión gradual.
Los entrenadores reciben pautas claras sobre síntomas, medicación y limitaciones de movimiento. Saben que un día puede haber más temblor y otro más fatiga, y adaptan ejercicios y duración de los puntos. El silbato casi no aparece; en cambio, mandan la escucha, la observación y el ajuste fino del ritmo.
Desde Parkinson’s UK se ofrece apoyo logístico y se anima a los socios a probar la actividad. Muchos llegan después de haber pasado por grupos de marcha o ejercicios en sala. Así, el pádel se presenta como un paso más, con un componente lúdico que engancha y refuerza la adherencia a una rutina activa.
El club, por su parte, reserva pistas cubiertas y cuida detalles como una iluminación uniforme, esencial para evitar desorientación. También se controlan tiempos de juego, se plantean peloteos guiados y se garantiza un entorno donde todos se sientan seguros para moverse, incluso cuando la rigidez aparece.
Testimonios que explican por qué merece la pena
Lo más potente de la iniciativa son las voces de quienes la viven. Varios jugadores cuentan que antes apenas se atrevían a caminar por superficies irregulares y que ahora se desplazan con soltura por la moqueta, llegando incluso a bolas cortas cerca de la red con apoyos más firmes.
Algunos reconocen que al principio sentían vergüenza por el temblor o por la lentitud al reaccionar. Con el tiempo ese pudor se diluye. En la pista comparten una realidad parecida, y el error se entiende como parte del juego, no como un síntoma más. El ambiente protege y empuja a intentarlo otra vez.
Hay quien comenta que duerme mejor la noche después de jugar, agotado pero satisfecho. Otros insisten en la fuerza de la rutina: saber que cada semana hay una cita fija con la pista y con compañeros que ya se han convertido en amigos, dentro de un espacio donde se habla de tácticas y no de límites.
Un detalle repetido es la sensación de “normalidad”. Allí se decide quién juega en el revés, se prueba el globo al rincón y se discute cómo cerrar un punto con una volea al cuerpo. Por un rato, la conversación gira en torno al pádel y no al párkinson, y eso cambia el ánimo de toda la semana.
Más que deporte: comunidad, rutina y futuro
Lo que empezó como una prueba puntual se está consolidando como actividad estable en el calendario del club. El ambiente en las gradas, con familiares siguiendo los puntos desde el lateral, recuerda a una liga social de fin de semana. Esa normalidad es parte del éxito del proyecto.
La cohesión del grupo es otro pilar. Antes de cada sesión, muchos llegan con tiempo, se sientan en los bancos y comentan cómo les fue la semana. Después del último punto, la charla continúa en la cafetería, con las manos aún calientes por el grip y el rostro enrojecido por el esfuerzo. El pádel crea rutina, y la rutina crea sostén.
Desde el punto de vista táctico, el juego también evoluciona. Al principio, muchas bolas van al centro sin intención. Con las semanas aparecen globos bien dirigidos, cambios de dirección y subidas coordinadas a la red. La pareja aprende a cubrir espacios, a hablar durante el punto y a animarse cuando llega el cansancio, sin perder el foco en la seguridad.
Mirando al futuro, la idea es mantener sesiones, ampliar el grupo y seguir demostrando que el pádel puede ser una herramienta real en la lucha diaria contra el párkinson. No cura, pero ayuda a moverse mejor, a decidir más rápido y, sobre todo, a sentirse vivos dentro de la pista.
Quizz
Comprensión: Pádel y párkinson en Harrogate
Quizz de comprensión lectora sobre el artículo acerca del proyecto de pádel para personas con párkinson en Harrogate.
¿Cuál es el objetivo principal de las sesiones de pádel para las personas con párkinson en Harrogate?
¿Por qué las pistas indoor de Harrogate Spa son especialmente adecuadas para este proyecto?
¿Qué aspecto mental se trabaja de forma importante durante las sesiones de pádel?
¿Cómo se adaptan las sesiones a las necesidades físicas de los participantes?
¿Qué papel tiene Parkinson’s UK en este proyecto?
Según los testimonios, ¿qué sensación se repite entre los jugadores durante las sesiones?
Preguntas frecuentes
¿En qué consiste la iniciativa de pádel para personas con párkinson en Harrogate?
Es un programa de sesiones regulares de pádel en el Harrogate Spa Tennis Club, diseñado para personas con enfermedad de Parkinson, que combina ejercicio, rehabilitación y apoyo social en un entorno seguro.
¿Qué beneficios físicos aporta el pádel a los participantes con párkinson?
Ayuda a mejorar coordinación mano-ojo, equilibrio, amplitud de movimiento, fuerza en piernas y tronco y resistencia, mediante movimientos naturales adaptados al estado de cada jugador.
¿Cómo se adapta el entorno y el entrenamiento a las necesidades de los jugadores?
Se usan pistas indoor con buen agarre y el cristal como referencia visual, grupos reducidos, palas ligeras, empuñaduras acolchadas y descansos frecuentes, además de horarios ajustados a los momentos de mejor efecto de la medicación.
¿Qué impacto tiene el pádel en el bienestar mental y emocional de los jugadores?
Ofrece un “paréntesis” respecto a la enfermedad, mejora el ánimo, reduce el estrés, estimula la agilidad mental y refuerza la confianza y la autoestima gracias al juego y a los logros en pista.
¿Quiénes impulsan y sostienen este proyecto de pádel para párkinson?
El proyecto está coordinado por Harrogate Spa Tennis Club y Parkinson’s UK, que aportan entrenadores formados, apoyo logístico y condiciones de juego adaptadas para mantener y ampliar las sesiones.
Glosario
- párkinson. Enfermedad neurodegenerativa crónica que afecta al sistema nervioso y provoca temblor, rigidez, lentitud de movimientos y problemas de equilibrio, influyendo en la autonomía y la calidad de vida.
- enfermedad de Parkinson. Trastorno progresivo del movimiento asociado a la pérdida de neuronas productoras de dopamina, con temblores, rigidez e inestabilidad postural, que puede mejorar con medicación, ejercicio y rehabilitación.

