El error común de los jugadores amateur de pádel: confundir cantidad con progreso

Descubre por qué los jugadores amateur de pádel fallan al confundir cantidad con progreso y cómo mejorar efectivamente tu juego.

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Jugar cuatro partidos seguidos, terminar fundido y sentir que se ha “aprovechado el día” puede parecer progreso. Sin embargo, muchos jugadores amateur de pádel se quedan atrapados en un error silencioso: confundir cantidad de entrenamiento con verdadera mejora y aprendizaje.

El gran error: más pádel no siempre es más progreso

En pádel, el cuerpo y la cabeza no entienden de horas de pista, sino de calidad del estímulo. Un aficionado puede jugar cinco veces por semana y seguir cometiendo las mismas decisiones tácticas, con la misma técnica limitada y cada vez más molestias físicas. Esa confusión entre horas jugadas y progreso real lleva a frustración: sensación de estancamiento, lesiones recurrentes y pérdida de confianza en los partidos importantes.

Lo que se observa a menudo es un patrón claro: se encadenan partidos sin objetivos, se salta el calentamiento, no hay sesiones específicas de trabajo técnico y nunca aparece una semana de descarga. El resultado llega a medio plazo: codo cargado, hombro irritado, piernas pesadas y, sobre todo, juego plano. El volumen se dispara, pero el rendimiento no acompaña. Esa es la trampa más habitual en el pádel amateur.

Jugadores amateur
Jugadores amateur

Volumen, intensidad y recuperación: el triángulo olvidado

El volumen no se limita a “cuántos días juego”, sino a la combinación de intensidad, tipo de esfuerzo y descanso. Un partido amistoso suave no tiene nada que ver con una sesión de desplazamientos explosivos, trabajo bajo presión y puntos encadenados con objetivos tácticos. Tampoco pesa igual una hora de físico con control postural que una de saltos y sprints cortos. Cuando el volumen supera la capacidad de recuperación, empiezan las sobrecargas en hombro, codo, zona lumbar o fascia plantar.

Muchos aficionados pasan de dos sesiones semanales a cinco en cuestión de días, sobre todo antes de torneos o al regresar de vacaciones. Ese salto brusco recuerda al “fallo común” descrito al volver al pádel tras un parón. El cuerpo necesita adaptaciones musculares, articulares y neuromotoras que llevan semanas. Saltarse ese proceso no solo frena la mejora, también abre la puerta a lesiones por acumulación.

Cómo ajustar la carga a su realidad y no a la de otros

El volumen óptimo no es igual para un jugador de 25 años con base física sólida que para un aficionado de 40 con trabajo exigente, estrés y sueño irregular. Ambos comparten pista y torneos, pero su capacidad de asimilar entrenamiento es muy distinta. El cuerpo responde al contexto personal, no al calendario del club. Copiar la agenda del compañero suele ser el origen de mucha confusión y de ese “no sé por qué cada vez me encuentro peor”.

Una planificación coherente mezcla semanas de carga con semanas de descarga relativa. Por ejemplo, tres semanas donde se aumenta ligeramente el número de sesiones o la intensidad, seguidas de una cuarta con menos presión competitiva y más trabajo técnico controlado. Lejos de ser tiempo perdido, esa fase permite que el organismo asimile el estímulo y vuelva a subir un escalón. El sobreentrenamiento en pádel se nota en la pista: menos reacción, más errores no forzados y sensación de ir “tarde” a todas las bolas.

Señales de alarma que los jugadores suelen ignorar

Antes de una lesión seria llegan avisos claros. Dolor persistente en el codo después de varios partidos seguidos, molestias en el hombro al sacar o volear, rigidez en los isquios al arrancar hacia la red, o cansancio que no desaparece ni con dos días de descanso. Son indicadores de que el volumen ha superado la capacidad de adaptación. Muchos aficionados lo interpretan como “me falta físico”, y añaden más trabajo… justo lo contrario de lo que necesitan.

Algo parecido pasa con factores externos como el cambio de horario o las noches de poco sueño. Hay estudios recientes que muestran cómo el rendimiento baja de forma notable cuando la calidad del descanso es pobre, tal y como se explica en el análisis sobre sueño y rendimiento en pádel. Si a ello se suma un exceso de cantidad, el riesgo de lesión y bajón de juego aumenta todavía más.

Pasar de la cantidad al progreso real: cómo estructurar su semana

Transformar horas en progreso requiere un plan simple, no una agenda interminable. Para un jugador amateur con 3-4 días disponibles, una buena base podría ser: dos sesiones de práctica con foco técnico-táctico, uno o dos partidos competitivos y una sesión corta de físico específico. Cada día debe tener un propósito claro: mejorar bandeja, trabajar el juego de red, practicar salidas de pared o pulir la comunicación con la pareja.

Dentro de las sesiones técnicas, conviene alternar fases de trabajo controlado (repeticiones de un golpe determinado) con situaciones reales de juego, donde aparezca la toma de decisiones. Ahí es donde el aprendizaje se consolida. La clave está en salir de la pista con la sensación de haber trabajado un aspecto concreto, no solo de haber sudado mucho. Como suele decirse en el alto rendimiento, “no se entrena para agotarse, se entrena para jugar mejor”.

Drill práctico para medir calidad y no solo volumen

Un ejercicio sencillo para cambiar el foco de cantidad a eficacia es el siguiente: durante 15 minutos, se juega un cruzado de revés a revés con objetivo táctico claro. Por ejemplo, mantener la pelota profunda evitando la zona central, contando cuántos golpes seguidos se logran sin error no forzado. Se registran tres series y se anota la mejor racha. La semana siguiente se repite el mismo formato para ver si la mejora llega en consistencia, no solo en minutos de práctica.

Este tipo de drills permiten conectar directamente trabajo y resultado, eliminar parte de la confusión sobre si se progresa y dar un sentido real al tiempo de entrenamiento. Igual que elegir la pala adecuada no va de modas, sino de características concretas —como se explica en la guía sobre tipos de pala de pádel—, planificar la semana va de objetivos medibles, no de acumular partidos.

Errores habituales al planificar el entrenamiento en pádel

Detrás de este gran error de confundir cantidad con progreso aparecen varios fallos repetidos entre jugadores amateur. Muchos se pueden corregir con pequeños cambios de hábito. Algunos de los más frecuentes son:

  • Encadenar más de tres días seguidos de partidos intensos sin descanso activo.
  • No diferenciar una sesión orientada a aprendizaje técnico de otra pensada para competir.
  • Olvidar el calentamiento y la vuelta a la calma en días “solo de partido”.
  • Aumentar la carga de golpe sin fase previa de adaptación física.
  • Ignorar molestias persistentes y seguir compitiendo con dolor.

Corregir estos comportamientos cambia por completo la relación entre entrenamiento y rendimiento. La sensación de “jugar mucho y mejorar poco” se sustituye por una progresión más lenta, pero estable y sostenible. El objetivo no es sumar partidos, sino construir una base que permita llegar fresco, centrado y confiado a los momentos importantes de la temporada.

¿Cuántos días debería entrenar a la semana un jugador amateur de pádel?

Para la mayoría de jugadores amateur, entre 3 y 4 días por semana suelen ser suficientes para progresar sin sobrecargarse. Lo ideal es combinar 2 sesiones técnico-tácticas, 1 o 2 partidos competitivos y, si el tiempo lo permite, 1 sesión corta de trabajo físico específico. Más días solo tienen sentido si se gestionan bien la intensidad y los descansos.

¿Cómo saber si el volumen de entrenamiento es excesivo?

Las señales más claras son dolor persistente en articulaciones, fatiga que no desaparece con uno o dos días de descanso, bajada notable de concentración y aumento de errores no forzados. Si aparecen varias de estas señales a la vez, conviene reducir la carga durante una o dos semanas y priorizar la recuperación.

¿Es mejor jugar partidos o hacer entrenamientos dirigidos?

Ambos formatos son necesarios, pero cumplen funciones diferentes. El partido ayuda a trabajar la toma de decisiones y la gestión emocional. El entrenamiento dirigido permite centrarse en un gesto, táctica o situación concreta. Sin sesiones estructuradas, el progreso suele ser más lento, aunque se jueguen muchos partidos cada semana.

¿Puede un mal descanso anular los beneficios del entrenamiento?

Un sueño de mala calidad reduce la capacidad de recuperación muscular y afecta directamente a la coordinación y a la velocidad de reacción. Si esa falta de descanso se combina con un alto volumen de juego, el riesgo de lesión y de estancamiento del rendimiento aumenta notablemente. Por eso el descanso forma parte del plan de entrenamiento, no es un extra opcional.

¿Qué cambio se puede aplicar ya en el próximo partido para progresar más?

En el próximo partido, marque un objetivo técnico-táctico concreto, por ejemplo, jugar todas las voleas profundas al centro y anotar mentalmente cuántos puntos lo logra. De esta forma, convierte el partido en una sesión de aprendizaje y no solo en más minutos en pista. Ese enfoque repetido semana a semana acelera el progreso real.

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